El Látigo, conocido en algunas ferias como Tagada, Saltamontes o «La Olla», es la atracción que encarna la adrenalina y el descontrol divertido de las fiestas populares. No es una atracción para los débiles de estómago, sino para aquellos que buscan emociones fuertes y risas desenfrenadas.

Esta atracción se basa en una gran plataforma circular o una serie de brazos con cápsulas (según la versión), que giran a gran velocidad. Lo que la hace mítica es su movimiento impredecible: mientras gira, el suelo se levanta y se sacude bruscamente, lanzando a los pasajeros de un lado a otro. El truco es tratar de mantenerse sentado o, si se permite, dejarse llevar por la fuerza centrífuga en una especie de baile caótico.

La música a todo volumen, las luces intermitentes y, sobre todo, los gritos de euforia y las carcajadas de los pasajeros, son el sello distintivo de El Látigo. Es una atracción que genera anécdotas instantáneas y que, al bajarse, deja una sensación de vértigo y la certeza de haber disfrutado de un momento de pura locura festiva.

Es la prueba de fuego de la resistencia y el lugar donde se crean los recuerdos más alborotados de la feria.