
La atracción de espejos es una de las paradas más divertidas y desconcertantes de cualquier feria. Es una experiencia sencilla pero atemporal, diseñada para hacer que los visitantes se rían de sí mismos y de la realidad distorsionada.
Al entrar, uno es recibido por una serie de espejos cóncavos y convexos que transforman la figura humana de formas absurdas: cabezas diminutas con cuerpos alargados, o siluetas anchas y cómicas. El juego de reflejos provoca risas espontáneas, especialmente entre los niños, que se maravillan con su imagen deformada.
Además de los espejos que distorsionan, a menudo se encuentra un laberinto de espejos planos que crea una ilusión de infinitud. Aquí, la diversión se convierte en un desafío de orientación, donde los reflejos engañan a la vista, haciendo que sea difícil distinguir entre un pasaje real y un simple cristal.
Esta atracción es un recordatorio lúdico de que a veces, lo que vemos no es lo que es, y que tomarse un momento para reírse de las propias imperfecciones (aunque sean solo reflejos temporales) es parte de la diversión de la feria.